Parece increíble tener que seguir en 2011 tratando de entender los motivos por los cuáles jóvenes pierden la vida en manos del brazo armado del estado. Un Estado que parece no poder dar soluciones a injusticias históricas en una de las ciudades más importantes del sur argentino, San Carlos de Bariloche. Una ciudad fragmentada entre los que más tienen y los que parecen vivir en una Bariloche distinta. Sin muchos servicios, con inviernos crudos que apenas pueden soportar mientras otros disfrutan del esquí y los chocolates calientes. Esa Bariloche dormida despertó de la peor manera posible, muerte, movilización y más muertes.
El mes de junio de 2010 para Bariloche fue un mes dónde la realidad emergió y se hizo escuchar por todo el país. Pobreza, marginación y represión era lo que esa otra Bariloche se cansó de soportar.
Luego de la muerte de Diego Bonafei, su barrio dijo basta. La respuesta del estado fue ocultar y perseguir jóvenes por toda la ciudad. El resultado, dos jóvenes muertos en una brutal represión con balas de plomo por parte de la policía de Rio Negro. ¿Son casuales las muertes de estos tres jóvenes o responden a una política pública de contener la pobreza en base a palos y balas?
Con ese objetivo fuimos a la ciudad de Bariloche para entender porqué el derramamiento de sangre siempre es evitable y que aunque se quiera disimular la realidad, ésta emerge y golpea con la mayor dureza. Bariloche es un caso testigo de una ciudad que posee las dos caras de una misma moneda, la injusticia.






















